1 EL HOMBRE Y LA SOCIEDAD


El hombre es un animal social. Esta conocida afirmación no supone necesariamente la existencia de un
Instinto social congénito en la discreción tal como instinto; pero es indudable que el hombre, como otros animales, tiene características biológicas tienen orden que le impone la necesidad de vivir en sociedad, al principio como paciente desvalido cuya supervivencia es imposible sin la ayuda de los agentes del grupo de entra a formar parte; después cuando puede valerse por sí mismo, por las ventajas de la cooperación conscientemente se acostumbra.
De este modo se centran y desarrollo paulatinamente los hábitos de convivencia que han convertido al hombre en ser social por antonomasia

De la cuna a la tumba la vida del hombre se haya determinada en medida cada día mayor por la sociedad en que vive. En la infancia, en la juventud y durante la vida adulta la conducta del ser humano sigue generalmente los cauces abiertos por las presiones del medio desde el momento mismo de nacimiento, ni aun antes, ejercer su influjo el ambiente social por medio de innumerables instituciones culturales: costumbres, creencias, hábitos de higiene de alimentación, técnicas médicas, etc.. Y ese influjo gravita sobre nosotros con fuerza cada vez mayor por la acción de mil distintos agentes a medida que se va desarrollando nuestra personalidad, marcando su impronta sobre el modo de ser persona. La influencia en el medio familiar en la formación de gustos, creencias, aspiraciones y criterios  de Valor es avasalladora en los primeros años de vida y a este factor ambiental formativo de la personalidad se suma después el efecto de la enseñanza en la escuela, la lectura de libros, periódicos y revistas, el cine la radio y la televisión el ascendiente en nuestro animo de las opiniones y sentimientos de amigos correligionarios y compatriotas los interese económicos, influyen también factores de imitación, que actúan de un modo más ostensible cuanto mayor sea la admiración y proximidad que se mantiene con una persona determinada. Por ejemplo, es frecuente que los hijos imiten los gestos y expresiones de sus padres. También suelen adquirir durante la infancia gran parte de sus creencias, formas de comportamiento, costumbres y tradiciones, aunque que más tarde, con la llegada de la adolescencia, pondrán en tela de juicio.

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